miércoles, 30 de octubre de 2024
OCAÑA, UNA CIUDAD CON POTENCIAL ARTÍSTICA Y EN PAUSA.
viernes, 25 de octubre de 2024
LA EXPRESIÓN CORPORAL Y LA DANZA INTERDISCIPLINARIA, UN CAMPO DE CREATIVIDAD Y TRANSFORMACIÓN
miércoles, 9 de octubre de 2024
Lo Inconsciente en la Creación Coreográfica de las Danzas Folclóricas en Colombia: Casos de Estudio
Por: Trinidad Pacheco Bayona.
Las danzas folclóricas de Colombia son un reflejo
profundo de la identidad cultural del país, una fusión de influencias
indígenas, africanas y europeas que se han entrelazado a lo largo de los
siglos. Sin embargo, más allá de ser solo una manifestación cultural, estas
danzas son también un medio a través del cual los bailarines y coreógrafos
canalizan elementos inconscientes: memorias colectivas, emociones profundas y
vivencias que trascienden lo racional. La creación coreográfica dentro de este
contexto se convierte en un espacio en el que lo inconsciente aflora,
tejiéndose a través de la tradición y la expresión corporal.
A través del análisis de casos específicos en
distintas regiones de Colombia, se puede observar cómo lo inconsciente juega un
papel fundamental en la formación de las danzas folclóricas, transformando el
cuerpo en un vehículo de expresión simbólica y emocional que conecta al
individuo con la danza
La danza folclórica en Colombia, aunque está
estructurada en coreografías tradicionales, no puede ser reducida solo a una
serie de movimientos preestablecidos. La conexión entre el bailarín y las
emociones, historias y símbolos colectivos que representan estas danzas es
fundamental. Estas expresiones, muchas veces emergen de capas inconscientes de
la psique que resuenan con la memoria cultural de generaciones pasadas.
En muchas comunidades la danza no es vista solo
como entretenimiento, sino como una forma de conexión con lo ancestral lo
espiritual y lo emocional. Las emociones que no se expresan de manera directa a
través del lenguaje se manifiestan en el cuerpo en movimiento, lo que sugiere
que al igual que en otras formas de creación artística lo inconsciente juega un
papel crucial en la creación.
Uno de los ejemplos más representativos de la
danza folclórica colombiana es la cumbia. El uso de velas en la
coreografía tradicional llevadas por las mujeres, no solo tiene una función
estética, sino que también simboliza una conexión con lo ancestral y
espiritual. Esta imagen evoca una danza primitiva una conexión con la
naturaleza y los elementos que emergen desde lo inconsciente colectivo. Los
movimientos circulares y las posturas bajas característicos de la cumbia,
recuerdan ceremonias antiguas en las que lo místico y lo emocional eran una
parte integral del ritual.
Los coreógrafos que trabajan con la cumbia no
solo buscan recrear una forma "correcta" de la danza, sino que muchas
veces animan a los bailarines a conectarse con sus raíces y emociones más
profundas dejando que los movimientos fluyan de manera natural, guiados por una
memoria colectiva que muchas veces opera a nivel inconsciente. En este proceso
los bailarines se convierten en portadores de una historia que se transmite no
solo a través de la técnica sino a través de la energía.
La coreografía del Bambuco evoca sentimientos de
nostalgia, amor y anhelo, emociones que, aunque no siempre son expresadas de
manera consciente por los bailarines emergen en cada gesto. El uso de pañuelos,
los movimientos suaves de las piernas y los giros pausados son reflejo de una
introspección y conexión con las montañas y la naturaleza que los rodea. Esta
introspección tiene raíces inconscientes donde el paisaje, las tradiciones y
los rituales religiosos de la región andina moldean el cuerpo y la danza.
El Bambuco también se ha vinculado a las emociones
inconscientes asociadas con el sentido de pertenencia y el amor por la patria.
En los momentos de celebración o resistencia política, la danza del Bambuco ha
servido como un medio para expresar los sentimientos de identidad nacional, sin
necesidad de que estos sean articulados de manera racional. La repetición de
ciertos patrones de movimiento, transmitidas de generación en generación,
mantiene viva esa conexión emocional inconsciente con la historia y la geografía.
El Sanjuanero, al igual que otras danzas tradicionales
es una expresión de lo colectivo y lo inconsciente emerge cuando los bailarines
interpretan estos movimientos no solo como pasos técnicos, sino como una forma
de canalizar sus emociones y sentimientos de pertenencia. La alegría que se
siente en la danza es un reflejo de un orgullo regional que muchas veces no se
expresa verbalmente pero que está profundamente arraigado en el inconsciente
colectivo de los habitantes del Huila.
La coreografía del mapalé, a pesar de tener una
estructura repetitiva, permite a los bailarines expresar emociones intensas que
a menudo no pueden ser verbalizadas. La fuerza física y el ritmo incesante de
la danza evocan estados de trance en los que los bailarines parecen perder la
noción de lo racional y se entregan a un impulso primitivo, guiado por el
inconsciente. Los movimientos del cuerpo en esta danza, no responden a una
lógica preestablecida, sino a una energía que fluye desde lo más profundo, recordando
la lucha por la supervivencia y la libertad. Si bien muchas danzas folclóricas
colombianas tienen estructuras coreográficas tradicionales, en varias de ellas
la improvisación juega un papel esencial en la manifestación de lo
inconsciente.
La danza folclórica en Colombia es más que un
conjunto de coreografías tradicionales. Es una manifestación del inconsciente
colectivo una forma en la que emociones historias y memorias que no pueden ser
articuladas de manera consciente encuentran una vía de expresión a través del
movimiento. A través de casos como la cumbia, el Sanjuanero huilense, se puede
ver cómo lo inconsciente emerge no solo en la creación coreográfica, sino en la
ejecución misma
En última instancia la danza folclórica
colombiana es una celebración del cuerpo y del espíritu, un espacio donde lo
racional y lo irracional se encuentran, permitiendo que lo más profundo de la
identidad individual y colectiva se manifieste.
domingo, 29 de septiembre de 2024
LA DANZA EN PELIGRO, UN DIAGNÓSTICO PREOCUPANTE EN OCAÑA
Por: Trinidad Pacheco Bayona.
En Colombia, la danza tradicional
es un patrimonio cultural que refleja la identidad y riqueza de nuestras
regiones. Sin embargo, al asistir a los festivales en instituciones educativas
y organizaciones culturales, me he encontrado con un panorama alarmante. La
falta de formación y estudio en coreografía y ejecución de la danza está
poniendo en riesgo la autenticidad y esencia de nuestras danzas tradicionales.
En Ocaña específicamente, he
presenciado errores graves en las puestas en escena. La investigación, la
indagación y el estudio son fundamentales para rescatar y preservar nuestra
herencia cultural, pero parecen ser conceptos olvidados. Los mal llamados “coreógrafos”,
(Del Griego "choros" ósea danza y "graphein" que es escribir)
que no han estudiado el diseño y dirección de la creación de movimientos y secuencias de danza, están poniendo
en escena danzas que carecen de rigor y autenticidad.
Este diagnóstico es terrible, no
solo por la falta de técnica y conocimiento, sino también por la pérdida de
nuestra identidad cultural. La danza tradicional no es solo un espectáculo, es
un legado que nos conecta con nuestras raíces y nuestra historia.
Es hora de reflexionar sobre la
importancia de la formación y el estudio en danza. Los directores y coreógrafos
deben asumir su responsabilidad y compromiso con la preservación de nuestra
cultura. Las instituciones educativas y culturales deben apoyar y promover la
formación de profesionales en danza.
La danza tradicional colombiana
merece ser respetada y preservada. No podemos permitir que la falta de estudio
y rigor la convierta en un espectáculo sin alma ni esencia. Es momento de
actuar y proteger nuestro patrimonio cultural.
¿Qué acciones se pueden tomar para mejorar esta
situación?
Fomentar la investigación y documentación de danzas
tradicionales del territorio.
Establecer estándares de calidad en las puestas en escena.
Estudiar metodología y pedagogía de la danza.
La danza tradicional colombiana
es un tesoro que debemos proteger. No podemos permitir que se pierda en la
ignorancia y la falta de estudio de los que hacen montajes para la
danza tradicional.
miércoles, 25 de septiembre de 2024
LA DANZA, MÁS ALLÁ DEL CUERPO
Por: Trinidad Pacheco Bayona
La danza es una de las formas más puras de expresión artística, pero a menudo se encuentra en una encrucijada que la distingue de otras disciplinas. Si bien todas las artes requieren pasión y entrega, la danza enfrenta un desafío único: su conexión intrínseca con el cuerpo. Aquí, la forma física no solo importa; se convierte en el vehículo fundamental a través del cual se canalizan las emociones.
Cuando un bailarín sube al escenario, no hay espacio
para la fatiga ni para el dolor. Cada movimiento es una conversación sin
palabras, una narrativa que se teje con cada paso y cada giro. La pasión, la
rabia, la tristeza y la melancolía son los hilos invisibles que unen al artista
con su audiencia. Sin embargo, transmitir estos sentimientos con autenticidad
mientras se enfrenta a las limitaciones físicas del cuerpo es un acto casi
sobrehumano.
Es en este cruce de emociones y resistencia donde
reside la verdadera belleza de la danza. A menudo, el público no es consciente
de las horas de ensayo, de las lesiones que se superan y del sacrificio
personal que implica cada presentación. Para el bailarín, la tarea de
transmitir emociones profundas se convierte en un desafío desgastante. ¿Cómo se
puede entregar una parte del alma sin desmoronarse? Esa es la pregunta que
muchos artistas enfrentan en su día a día.
Por ello, es esencial sensibilizar a quienes apoyan
y disfrutan de la danza. Valorar no solo la estética del movimiento, sino
también el esfuerzo y la vulnerabilidad que conlleva. Comprender que cada
actuación es el resultado de un trabajo arduo y, a menudo, de sacrificios
personales. Cada bailarín que se presenta en el escenario lleva consigo no solo
su técnica, sino también su historia, sus luchas y su deseo de conectar con el
público.
La danza es un arte que más allá de lo físico, nos
invita a explorar lo que significa ser humano. Cada espectáculo es una
oportunidad para experimentar el rango completo de emociones y cada bailarín
es un narrador que nos invita a compartir su viaje. Es tiempo de reconocer y
honrar el profundo desgaste emocional y físico que implica ser un artista de la
danza. Porque al final en cada giro, en cada salto, hay una parte de su ser
que queda expuesta y por ende hay una parte de nosotros que también se ve
tocada.
viernes, 13 de septiembre de 2024
PRINCIPIOS PARA LA SEMIÓTICA SEGÚN NATALIA OLLORA TRIANA
Por: Trinidad Pacheco Bayona
La danza es un lenguaje universal que trasciende las barreras del idioma hablado, y como cualquier sistema de comunicación, se basa en la transmisión de significados. En su documento "La comunicación en la danza. Principios para la semiótica", Natalia Ollora Triana se adentra en este fascinante campo para explorar cómo la danza constituye un sistema de signos que comunica y genera significado. Su investigación se enfoca en entender y analizar los elementos que, desde la semiótica, intervienen en este proceso ofreciendo una nueva perspectiva para comprender mejor las creaciones coreográficas.
Ollora Triana parte de la premisa de que la danza como
cualquier otro lenguaje artístico, está compuesta por un sistema específico de signos. Estos
signos. los movimientos, gestos, posturas y la relación del cuerpo con el
espacio y el tiempo constituyen los elementos que forman la base de la
significación en las creaciones coreográficas. Al igual que en otros sistemas
de comunicación, estos signos no tienen un significado único o fijo, sino que
se interpretan en función de su contexto, de la historia que narra la obra y de
la experiencia del espectador.
Uno de los grandes aportes de la investigación de
Ollora Triana es su énfasis en cómo estos signos no son estáticos, sino que se
transforman dependiendo del estilo coreográfico y del paradigma de creación de
cada pieza. El movimiento de una mano, por ejemplo, puede transmitir ternura o
dolor, dependiendo de la coreografía, el contexto visual y sonoro, y la
intensidad con la que se ejecuta. Esta versatilidad en la interpretación hace
que la danza sea un lenguaje increíblemente rico y dinámico.
La investigación de Ollora Triana detalla los
distintos elementos que contribuyen al significado general de una obra de
danza. Estos elementos incluyen no solo los movimientos corporales en sí
mismos, sino también aspectos como el uso
del espacio, la temporalidad, la música, la iluminación y el vestuario.
Cada uno de estos factores puede ser visto como un signo que interviene en el
proceso de significación, aportando matices a la narrativa global que busca
comunicar una coreografía.
Al analizar estos elementos en conjunto, Ollora
Triana propone una visión integral de la danza como un arte multisensorial, en
el que cada componente juega un papel crucial para la construcción del mensaje.
Esto permite a los coreógrafos y bailarines crear capas de significados que
interactúan entre sí, brindando a los espectadores múltiples niveles de
interpretación.
Uno de los aspectos más interesantes que aborda
Ollora Triana es cómo el análisis semiótico de estos elementos puede ayudar a
definir el estilo o paradigma de creación de una
obra de danza. Cada coreografía se inscribe dentro de un conjunto de
convenciones, reglas o estructuras que responden a una estética, una cultura o
una visión del mundo particular. Identificar estos patrones permite a los
analistas y a los mismos creadores comprender mejor las decisiones artísticas
que se toman durante el proceso creativo y cómo estas decisiones generan sentido
dentro de la obra.
Por ejemplo, en una obra de danza contemporánea,
los movimientos abstractos y la ruptura con la simetría tradicional pueden ser
interpretados como una forma de expresar las tensiones de la modernidad o la
complejidad de las emociones humanas. En contraste, una pieza de ballet clásico
utiliza un sistema de signos mucho más codificado, donde cada gesto tiene una
significación clara y preestablecida dentro del repertorio de ese estilo.
El documento de Ollora Triana subraya la
importancia de utilizar herramientas de análisis semiótico para comprender los
procesos de comunicación que tienen lugar en las representaciones de danza. Al
observar las coreografías como sistemas de signos, es posible desentrañar los
mecanismos que los coreógrafos emplean para comunicar ideas, emociones e
historias. Además, esta aproximación permite a los intérpretes y espectadores
entender de manera más profunda los diversos procesos de significación que
ocurren durante una representación.
El conocimiento de los signos de la danza no solo
enriquece la interpretación de una pieza, sino que también ofrece a los
coreógrafos un marco teórico que puede guiar la creación de nuevas obras. La
semiótica, en este sentido, se convierte en una herramienta esencial para
cualquier creador que desee explorar las múltiples posibilidades del cuerpo en
movimiento como medio de expresión.
En su investigación, Natalia Ollora Triana ofrece
una profunda exploración sobre la comunicación
en la danza y cómo esta puede ser comprendida a través de la semiótica.
Al desglosar los elementos que constituyen el sistema de signos de la danza, su
análisis abre una ventana para observar cómo estos signos construyen
significados complejos en las creaciones coreográficas.
Además, Ollora Triana destaca la relevancia de
entender y analizar los procesos de significación en la danza, no solo como una
forma de apreciar más plenamente las obras, sino también como una manera de
empoderar a los creadores en su proceso artístico. Su trabajo es un
recordatorio de que la danza es mucho más que una secuencia de movimientos: es
un lenguaje cargado de simbolismo y significado, donde cada gesto, cada pausa y
cada desplazamiento tiene algo que decir.
Así, la investigación de Ollora Triana se presenta
como una valiosa contribución para el estudio de la danza y su comunicación,
ofreciendo nuevas formas de analizar y comprender este arte en su complejidad.
Al integrar la semiótica en el análisis de la danza, su obra nos invita a
repensar la danza como un lenguaje potente que comunica ideas y emociones de
maneras únicas y profundamente significativas.
martes, 10 de septiembre de 2024
Reflexiones para Directores de Danza a partir de Susan Leigh Foster, La Importancia del Cuerpo Danzado
Por: Trinidad Pacheco Bayona
El cuerpo en movimiento ha sido objeto de
múltiples reflexiones y análisis a lo largo de la historia de la danza. Sin embargo,
pocos han logrado profundizar en sus complejidades de manera tan aguda como
Susan Leigh Foster una de las voces más importantes en la investigación del
cuerpo danzado. En su ensayo "Cuerpos de danza", incluido en Incorporaciones
(1992), y en su libro Corporealities. Dancing Knowledge, Culture and Power
(1996), Foster ofrece una mirada reveladora que invita a directores,
coreógrafos y pedagogos a reexaminar sus concepciones sobre el cuerpo en la
danza, no solo como instrumento técnico, sino como un sitio de cultura, poder y
conocimiento.
Foster subraya una idea central que todo director
de danza debería tener presente: el cuerpo no es un mero vehículo que
ejecuta movimientos preestablecidos, sino un ente que produce significado
cultural. A través del movimiento, el cuerpo proyecta una narrativa
que está profundamente enraizada en la historia personal del bailarín, su
contexto social y las estructuras de poder a las que pertenece. Por ello, es
crucial que los directores de danza adopten una perspectiva crítica sobre cómo
las coreografías que diseñan o enseñan moldean y reflejan estas realidades.
En "Cuerpos de danza", Foster explora
la noción de que los cuerpos en movimiento siempre están "inscritos"
con marcas de género, raza y clase. Cada acción, cada gesto, lleva consigo una
carga simbólica que no es neutra. Esto plantea un desafío para los directores
de danza: ¿Cómo diseñar una coreografía que no perpetúe estereotipos de poder o
invisibilice ciertas corporalidades? La danza, en este sentido, se convierte en
una plataforma para cuestionar y reconfigurar las jerarquías sociales. Los
directores deben ser conscientes de que, al elegir ciertos cuerpos, ciertos
movimientos o ciertas estéticas, están validando o cuestionando esas
inscripciones.
Además, Foster insiste en que la relación entre
el cuerpo y el espacio también es un aspecto clave en la creación coreográfica.
El cuerpo no se mueve en el vacío; siempre está interactuando con un entorno
que lo condiciona y que, a su vez, él transforma. Un director de danza debe
tener en cuenta cómo el espacio escénico refuerza o desafía las dinámicas de
poder. ¿Qué cuerpos son más visibles? ¿Qué cuerpos se relegan a los márgenes?
Este tipo de preguntas deben estar en el centro del proceso creativo.
Otro aspecto fundamental que aborda Foster es el cuerpo
como generador de conocimiento. En la tradición occidental, el cuerpo
ha sido históricamente visto como separado del intelecto, subordinado a la
mente. No obstante, Foster reivindica la idea de que el cuerpo danzante es un
productor activo de conocimiento, capaz de generar formas de saber que no se
expresan mediante palabras, sino a través del movimiento. Esto implica que los
directores de danza no deben tratar al bailarín simplemente como un ejecutante
que sigue órdenes, sino como un colaborador que aporta su propia experiencia
corporal y su propia inteligencia kinestésica al proceso creativo.
De la misma forma, el cuerpo danzado no solo
refleja la cultura, sino que también la produce. Las decisiones coreográficas
de un director influyen en la manera en que el público y los propios bailarines
perciben y entienden el cuerpo. Por lo tanto, los directores deben asumir una
posición de responsabilidad y autoconciencia, entendiendo que la danza no es un
arte exento de implicaciones culturales y políticas.
En Corporealities, Foster expande esta
idea al explorar cómo el cuerpo en movimiento está imbuido de poder. El cuerpo,
al ser entrenado, modelado y disciplinado en la danza, está sujeto a normas y
estructuras sociales que, en ocasiones, pueden perpetuar sistemas de opresión.
Foster nos invita a repensar el entrenamiento en danza, que a menudo busca una
uniformidad de técnica y estética, y reflexionar sobre si esta uniformidad no
está silenciando ciertas voces corporales. Un director de danza debe
cuestionarse: ¿Qué cuerpos son privilegiados en mis clases o en mis
producciones? ¿Qué ideas sobre el cuerpo y el movimiento estoy perpetuando?
En resumen, el trabajo de Susan Leigh Foster nos
recuerda que el cuerpo danzado es un campo de batalla simbólico donde se juegan
relaciones de poder, cultura y saber. Para los directores de danza, esta
comprensión es crucial. No se trata simplemente de crear belleza o espectáculo,
sino de ser conscientes del potencial transformador de la danza. A través del
movimiento, se pueden desafiar estructuras de opresión, reivindicar
corporalidades diversas y generar nuevas formas de conocimiento.
Como directores, es nuestra responsabilidad no
solo enseñar técnica, sino también crear espacios donde los cuerpos puedan
expresar su historia, su identidad y su poder. Foster nos llama a una reflexión
crítica sobre el papel de la danza en la sociedad y nos insta a ser agentes de
cambio, utilizando el cuerpo danzado como una herramienta para cuestionar y
reimaginar el mundo en el que vivimos.
La danza, en este sentido, es mucho más que un
arte; es un acto político y cultural profundamente significativo.
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