jueves, 30 de abril de 2026

COREOGRAFIAR CON CONCIENCIA: DEL IMPULSO CREATIVO A LA ESTRUCTURA ESCÉNICA


Por: Trinidad Pacheco Bayona.

En muchos espacios de formación y creación dancística persiste una idea romántica y peligrosa: la coreografía como resultado exclusivo de la inspiración. Se exalta el “momento creativo” como si bastara por sí solo para sostener una obra escénica. Sin embargo, quienes dirigimos procesos sabemos que una coreografía no se sostiene únicamente en la intuición, sino en la capacidad de analizar, estructurar y tomar decisiones conscientes.

Esta columna de opinión propone una mirada práctica y reflexiva para directores de danza que buscan herramientas claras para entender, analizar y construir coreografía desde criterios estructurados, sin perder la poética del movimiento.

 Propongo leer la danza antes de crearla. Antes de montar, hay que aprender a leer. Analizar coreografía no es desarmar la magia, es comprender cómo funciona.

Un director debería preguntarse: ¿Cuál es la intención dramática de la obra? ¿Qué tipo de energía predomina (sostenida, explosiva, fragmentada)? ¿Cómo se organiza el tiempo (ritmo, pausas, acentos)? ¿Qué relaciones espaciales se construyen (niveles, direcciones, trayectorias)? ¿Cómo dialogan los cuerpos entre sí y con el entorno?

Aquí una herramienta clave es el análisis desde los componentes del movimiento: Cuerpo: qué partes se activan y cómo. Espacio: dónde ocurre el movimiento. Tiempo: cuándo y con qué ritmo. Energía: con qué calidad se ejecuta. Cuando un director desarrolla esta mirada, deja de “inventar pasos” y comienza a construir lenguaje.

Del concepto al movimiento. Una buena coreografía no empieza en el espejo, empieza en una idea clara.

Algunas herramientas útiles: Define una idea central que atraviese toda la obra. Ejemplo: Resistencia, Memoria corporal y Transformación.

Este concepto debe responder: ¿Qué quiero decir?, ¿Por qué es importante decirlo ahora?

La partitura coreográfica. Así como en la música, la danza también puede escribirse (aunque no siempre en papel). Diseña una estructura: Inicio (planteamiento), Desarrollo (conflicto o variación), Clímax (punto de mayor tensión), Resolución (cierre)

Esto evita coreografías planas o repetitivas. Motivo y variación. Crea un gesto o frase base y transfórmalo: Cambia dirección, Cambia velocidad, Cambia nivel, Cambia intención

Esto da coherencia y riqueza sin necesidad de saturar.

Uso del espacio escénico. Piensa el escenario como un mapa: Zonas de poder (centro, diagonal), Zonas de transición (laterales, fondo), Niveles (suelo, medio, aéreo)

No todos los movimientos deben ocurrir en el mismo lugar.

Pensamiento escénico aplicado: más allá del movimiento.

Aquí está el salto que muchos procesos no logran: pasar de coreografía a obra escénica.

El pensamiento escénico implica entender que la danza no existe sola. Convive con: Iluminación, Vestuario, Música o paisaje sonoro, Dramaturgia, Intérpretes (no solo ejecutantes, sino sujetos escénicos).

Un director debe preguntarse: ¿Qué historia —explícita o abstracta— se está contando?, ¿Cómo se construye la presencia escénica de los bailarines?, ¿Qué decisiones visuales refuerzan el mensaje?

Una coreografía técnicamente impecable puede ser olvidable si no genera sentido escénico.

Una advertencia necesaria. No todo lo complejo es profundo, ni todo lo simple es pobre. Uno de los errores más frecuentes es llenar la escena de movimiento sin intención clara. El resultado: obras saturadas, pero vacías.

Coreografiar no es acumular pasos. Es organizar significados en movimiento.

Reflexión final. En esta época donde la inmediatez domina —coreografías virales, montajes rápidos, derroche acelerado—, el rol del director se vuelve más exigente. Ya no basta con crear: hay que saber por qué, para qué y cómo se crea. La verdadera madurez coreográfica aparece cuando el impulso creativo se encuentra con la estructura, cuando la emoción se traduce en decisión, y cuando el escenario deja de ser un espacio de exhibición para convertirse en un lugar de pensamiento.

Porque al final, dirigir danza no es solo hacer que los cuerpos se muevan.
Es lograr que algo se diga, se sienta y permanezca.

miércoles, 29 de abril de 2026

CRÓNICA DE UN 29 DE ABRIL QUE NOS INTERPELA

Por: Trinidad Pacheco Bayona.

Hoy, 29 de abril, el calendario nos recuerda que el cuerpo también tiene memoria. No la de los archivos ni las fechas, sino la que se escribe en el gesto, en el salto, en la pausa. El Día Internacional de la Danza —instituido en 1982 por el Comité Internacional de Danza de la UNESCO— no es solo una efeméride: es un acto de resistencia silenciosa que celebra el nacimiento de Jean-Georges Noverre, pionero del ballet moderno.

Pero más allá de la historia, esta fecha nos convoca a preguntarnos: ¿qué dice nuestra danza sobre quiénes somos y cómo nos tratamos?

En tiempos donde la inmediatez digital reduce el arte a un scroll, la danza insiste en lo lento, en lo presente, en lo encarnado. Como señala la celebración de este 2026, el movimiento es un espacio de bienestar, libertad compartida y convivencia. Y aquí radica su potencia política: bailar no es solo ejecutar pasos; es afirmar que el cuerpo propio y ajeno merecen respeto, escucha y pedagogía. Paula Hung, creadora queer que trabaja desde la autenticidad para elevar voces marginadas, nos recuerda —aunque sea desde otro formato— que el arte no puede ser neutral. Cuando la danza se convierte en herramienta de inclusión, deja de ser espectáculo para volverse diálogo. Y ese diálogo exige condiciones: espacios seguros, formación ética, remuneración digna para lxs artistas. Porque no hay celebración posible si detrás del aplauso hay explotación, silenciamiento o falta de reconocimiento.

La coreógrafa Crystal Pite, autora del mensaje oficial del Día Internacional de la Danza 2026, probablemente lo sabe: la danza contemporánea no refleja pasivamente la sociedad; la interpela, la cuestiona, la transforma. Bailar es, en este sentido, un acto de ciudadanía. Es decir "estoy aquí", "mi cuerpo importa", "mi historia cuenta". Y cuando ese "yo" se multiplica en colectivos, en comunidades, en territorios como los nuestros o en diásporas como la venezolana, la danza se vuelve mapa de pertenencia.

Pero cuidado con la folklorización vacía o la estética desprovista de sentido. La danza que dignifica no instrumentaliza; no usa el cuerpo como adorno, sino como sujeto. Requiere enfoques pedagógicos respetuosos, que formen no solo técnicos, sino seres críticos y sensibles. Como bien apuntan investigaciones recientes, bailar promueve empatía, cooperación y habilidades sociales que trascienden el escenario.

Hoy, mientras el mundo celebra con funciones, talleres y redes sociales, propongo una pausa reflexiva: ¿estamos construyendo una cultura dancística que protege a quienes la hacen posible? ¿O seguimos celebrando el gesto mientras ignoramos al gestante?

La danza no necesita más aplausos superficiales. Necesita políticas públicas, presupuestos, formación con perspectiva ética y, sobre todo, la convicción de que el arte es un derecho, no un lujo. Que este 29 de abril no termine en likes, sino en compromisos. Porque cuando el cuerpo baila con dignidad, toda la sociedad se eleva.

 

miércoles, 10 de diciembre de 2025

Columna de Opinión.

LA DIGNIFICACIÓN DEL ARTISTA COMO DEUDA PENDIENTE

Por: Trinidad Pacheco Bayona. 

En Ocaña, la Escuela de Bellas Artes siempre ha sido un referente cultural, un espacio donde generaciones enteras han encontrado un lugar para crear, aprender y transformar su sensibilidad. Sin embargo, con el paso del tiempo, sigue siendo doloroso escuchar voces de auxilio provenientes de quienes hacen posible que las artes respiren en la región: sus artistas, docentes, estudiantes y trabajadores culturales. La reciente convocatoria para Matilda, el musical reaviva un debate que, lejos de agotarse, necesita ser abordado con seriedad y responsabilidad institucional.

Si bien el proyecto generó entusiasmo en algunos sectores, también dejó al descubierto tensiones internas que ponen en riesgo el bienestar de los participantes. Diversos artistas vinculados al proceso han expresado inconformidades relacionadas con el ambiente de los ensayos, señalando prácticas que consideran inadecuadas para un proceso formativo y creativo: gritos, trato impulsivo, expresiones que interpretan como descalificadoras y una metodología que no responde a los principios pedagógicos que un montaje de esta envergadura exige. Estas percepciones, más allá de nombres propios, merecen ser escuchadas por la Universidad Francisco de Paula Santander Ocaña, porque afectan la calidad del proceso y la dignidad de quienes ponen su talento al servicio de la escena.

La dirección artística de cualquier producción requiere, además de conocimientos técnicos, una sensibilidad humana capaz de acompañar, orientar y potenciar las capacidades del elenco. El arte no se construye desde la humillación ni desde la imposición temperamental, sino desde la paciencia, la escucha y la pedagogía. La región cuenta con artistas de trayectoria, dedicación y compromiso, es fundamental que los espacios institucionales que los convocan garanticen ambientes respetuosos, seguros y coherentes con los valores que desean representar ante el público.

Mi intención al escribir estas líneas no es señalar ni destruir, sino invitar a la reflexión: la dignificación del artista no es un lujo, es una necesidad ética. Ocaña tiene un potencial inmenso en sus creadores, pero ese potencial solo florece cuando los procesos están bien acompañados, cuando se reconoce el valor del trabajo artístico y cuando las metodologías aplicadas fortalecen, en lugar de quebrar la confianza del grupo.

Que esta situación sirva como una oportunidad de mejora. Que la institución revise, escuche, dialogue y ajuste. Que los responsables de dirigir proyectos artísticos comprendan la enorme responsabilidad que implica orientarlos. Y que los artistas, estudiantes y docentes encuentren escenarios donde el respeto, la formación y la inspiración sean la base del trabajo diario.

Porque el arte dignifica, pero también debe ser digno. Solo así podremos seguir avanzando, aprendiendo y construyendo una escena cultural que honre a quienes la sostienen con su esfuerzo silencioso y su talento inmenso

viernes, 5 de septiembre de 2025

COLUMNA DE OPINIÓN: EL MUSICAL DE BELLAS ARTES Y LA FARSA DE LA CONVOCATORIA VICIADA

Por: Azucena Rueda Delgado.

Ocaña, Una vez más, la Escuela de Bellas Artes de Ocaña inicia su nueva administración con el pie izquierdo, y no precisamente en un paso de baile, sino en un traspié institucional que evidencia desconocimiento, improvisación y, lo que es peor, una flagrante falta de respeto hacia quienes han construido con esfuerzo, rigor y pasión la tradición del teatro musical en esta ciudad.

La reciente convocatoria para el musical de fin de año 2025 —cuyo enunció reza: “¿Tienes una historia que necesita ser contada? ¿has escrito o dirigido teatro musical?” — no solo es ambigua, sino profundamente excluyente. Presuponga, sin decirlo, que solo cuentan quienes tienen historias inéditas y experiencia formal en escritura o dirección de musicales. ¿Y qué pasa con los actores, los músicos, los coreógrafos, los diseñadores, los productores? ¿Acaso el teatro musical es solo obra de escritores y directores? ¿Dónde quedó la esencia colectiva del arte escénico?

Pero el problema no es solo de redacción. Es de fondo. En Colombia, el teatro musical es un campo escaso, cultivado por pocos valientes que han apostado por un género complejo y exigente. Nombres como María Isabel Murillo , Juan Carlos Mazo (director de El Bolero de Rubén y Cabaret ), Pedro Salazar ( La Tiendita del Horror ), Iván Carvajal ( Sweeney Todd ), y la nueva generación encabezada por Leonardo Palacios y Felipe Sánchez , son referentes nacionales. En Ocaña, sin embargo solo hay un nombre que ha sostenido este género con constancia, rigor y amor: Juan Carlos Vergel Mogollon, artista empírico que durante diez años fundó, dirigió y consolidó el musical anual de la Escuela de Bellas Artes, convirtiéndolo en un proceso de aprendizaje vivo, comunitario y transformador.

Los demás intentos —cuando han existido— han sido lánguidos, precarios, improvisados. Y ahora, en lugar de fortalecer esa tradición, se lanza una convocatoria que ignora la historia, que desconoce el trabajo previo, y que parece diseñada para justificar decisiones ya tomadas bajo la mesa.

Y aquí aparece el personaje central de esta tragicomedia administrativa: Cristian Puentes, director que llegó a Ocaña “de la nada”, según se dice, con ínfulas de “argentino criollo” ¿será porteño o llanero disfrazado?, y cuya misión parece ser más la de “dárselas a Omar” —quien, por cierto, arrastra sus propios fantasmas de bailarín frustrado y director de una academia que solo existe en su imaginación— que la de servir a la comunidad artística.

Señor Puentes: esto no es un juego. No es una tienda de barrio que usted administra a su antojo. La Escuela de Bellas Artes es un espacio público, patrimonio cultural de Ocaña, y debe ser gestionada con transparencia, respeto y conocimiento. No puede usted, con una convocatoria mal redactada y peor intencionada, marginar a artistas que han presentado propuestas fundamentadas, con trayectorias académicas sólidas algunos incluso con maestrías en el exterior, para imponer criterios personales, caprichosos o, peor aún, políticos.

El teatro musical no se construye con arrogancia ni con improvisación. Se construye con memoria, con oficio, con comunidad. Y si usted no entiende eso, tal vez debería apartarse del escenario antes de que la obra se le venga encima y con ella, el rechazo de quienes sí aman y entendemos el arte.

La cultura no se administra como un puesto de arepas. Se cuida, se nutre, se respeta. Y Ocaña, sus artistas y su historia, merecen mucho más que esto.

lunes, 11 de agosto de 2025

SALAZAR DE LAS PALMAS, PLANIFICAR NO ES OPCIONAL, ES UNA OBLIGACIÓN MORAL Y LEGAL.

Por: Trinidad Pacheco Bayona.

Por años, Salazar de las Palmas ha sido bendecido con dos joyas que pocos municipios poseen: la pureza de sus ríos y la devoción profunda a su Virgen. Un binomio que bien gestionado podría sostener un modelo de turismo ordenado seguro y sostenible. Sin embargo, la realidad muestra que hemos vivido más de la ilusión que de la planificación.

La reciente tragedia que cobró la vida de cinco personas, entre ellas una madre y su hija tras la creciente súbita de un río, no puede ser entendida como un accidente aislado. Es el resultado de una cadena de omisiones que se han repetido administración tras administración. Desde hace años expertos, líderes comunitarios y personas que amamos este municipio hemos insistido en la urgencia de elaborar un plan integral de cultura y turismo que contemple además de la promoción, la protección de la vida y del patrimonio natural.

No se trata solo de atraer visitantes para las fiestas religiosas o para un paseo dominical a la orilla del río. El turismo sin reglas claras y sin gestión del riesgo es un turismo peligroso. La falta de señalización en zonas de riesgo, la inexistencia de un sistema de alerta temprana, la ausencia de guías capacitados y la desarticulación entre las autoridades locales y los organismos de socorro han dejado a visitantes y pobladores a merced de la suerte.

La belleza natural y la fe son tesoros, pero también responsabilidades. Y es ahí donde las administraciones municipales, tanto pasadas como la actual, han fallado. No basta con embellecer las calles para las fiestas patronales; se requiere invertir en monitoreo de ríos, capacitación de personal, ordenamiento territorial, rutas seguras y, sobre todo, una cultura ciudadana de prevención.

La tragedia del río debería marcar un antes y un después para Salazar de las Palmas. No podemos permitir que, dentro de algunos años estemos escribiendo otra columna con los mismos argumentos y las mismas lágrimas. El turismo, cuando se gestiona con visión y responsabilidad, puede ser motor de desarrollo; pero cuando se deja al azar, puede convertirse en una sentencia de muerte.

La vida de cinco personas debería ser el último recordatorio de que planificar no es opcional, es una obligación moral y legal. Salazar merece un futuro en el que la belleza de sus ríos y la devoción a su Virgen se vivan con alegría y seguridad, no con miedo y luto.

 


domingo, 4 de mayo de 2025

UNA SOLA DANZA NO REPRESENTA A TODO NORTE DE SANTANDER

Por: Trinidad Pacheco Bayona.

Hablar de una identidad cultural única en Norte de Santander es un error tan común como preocupante. Este departamento, conformado por 40 municipios, 108 corregimientos y numerosos caseríos, es un mosaico de culturas, tradiciones y expresiones que no pueden reducirse a una sola manifestación artística, especialmente cuando se trata de la danza.

Es frecuente escuchar, incluso por parte de algunos directores de danza en la ciudad de Cúcuta, que el bambuco zapateado representa la identidad dancística de todo el departamento. Esta afirmación, aunque seguramente bien intencionada, no solo es imprecisa, sino que desconoce la realidad cultural de regiones como Ocaña y el Catatumbo, donde, durante mis años de trabajo como educador en danza, no he presenciado ni una sola representación de bambuco zapateado en eventos culturales locales.

Este tipo de generalizaciones invisibiliza las tradiciones propias de cada territorio, y contribuye a una visión centralista que borra la riqueza y diversidad cultural de nuestro departamento. No podemos caer en el error de imponer una identidad única, porque hacerlo es negar las múltiples formas en que los nortesantandereanos sienten, bailan y celebran su herencia.

Vale la pena reconocer en este contexto, el trabajo del maestro Juan Becerra, quien en su época universitaria presentó una valiosa propuesta sobre el bambuco zapateado como parte de su tesis. Su aporte es significativo, pero debe entenderse como una propuesta local o regional, no como una verdad universal para todo Norte de Santander.

Con este artículo no pretendo deslegitimar ninguna expresión dancística. Por el contrario, quiero hacer un llamado al respeto y al reconocimiento de nuestra pluralidad cultural. Solo a través del diálogo, la escucha y la inclusión podremos construir una identidad regional que honre las particularidades de cada rincón de nuestro territorio.

Norte de Santander no tiene una sola danza, tiene muchas. Y todas merecen ser vistas, valoradas y preservadas.

lunes, 28 de abril de 2025

¿CELEBRAMOS EL DÍA INTERNACIONAL DE LA DANZA CON CONCIENCIA O DESCONOCIMIENTO?

Por: Trinidad Pacheco Bayona.

Cuando celebramos el día internacional de la Danza, una fecha que nos invita a reflexionar sobre este arte universal que conecta culturas, emociones y cuerpos en movimiento. Sin embargo, me pregunto: ¿los directores del territorio en Ocaña, una tierra con más de 454 años de historia y tradición, tienen siquiera un mínimo conocimiento sobre los fundamentos que todo creador de danza debería dominar? ¿Están conscientes de lo que implica trabajar con esta disciplina artística tan compleja y rica?

La danza no es solo movimiento; es un lenguaje que exige preparación, sensibilidad y conocimiento profundo. Un verdadero creador de danza debe tener claros varios parámetros esenciales para poder construir propuestas auténticas y respetuosas con las raíces culturales de su entorno. Veamos algunos de ellos: La danza no existe en el vacío. Cada paso, cada gesto está profundamente arraigado en un contexto cultural e histórico específico. En Ocaña, por ejemplo, deberíamos preguntarnos: ¿valoramos nuestra herencia indígena, africana y mestiza en nuestras expresiones dancísticas? ¿Sabemos distinguir entre danza como arte y baile como expresión social? Desde el ballet clásico hasta las danzas folclóricas regionales, cada género tiene sus propias reglas y técnicas. ¿Los líderes culturales de Ocaña conocen estas diferencias? ¿Apoyan iniciativas que promuevan tanto la técnica como la innovación?

El cuerpo es el instrumento principal del bailarín, y cuidarlo es fundamental. ¿Existe algún programa en la región que enseñe anatomía aplicada a la danza? ¿Se fomenta la preparación física adecuada para evitar lesiones?
La relación entre el cuerpo y el espacio es clave en la danza. Una buena coreografía no es solo una secuencia de pasos, sino una narrativa visual que comunica emociones e ideas. ¿En Ocaña se apoya la creación de coreografías originales que cuenten nuestras historias locales? La danza también es espectáculo. La iluminación, el vestuario, la música y otros elementos escénicos juegan un papel crucial. ¿Nuestros espacios culturales están equipados para ofrecer presentaciones de calidad? Este día debería ser una oportunidad para cuestionarnos: ¿qué estamos haciendo para fortalecer la danza en nuestra región? ¿Existen programas educativos, festivales o talleres que promuevan esta disciplina? Y ara reflexionar:

¿Valoramos la danza como una forma de preservar nuestra identidad cultural? ¿Qué hacemos para garantizar que las nuevas generaciones tengan acceso a formación dancística de calidad? ¿Cómo podemos integrar la danza como parte esencial del desarrollo cultural y turístico de Ocaña?

En un territorio como Ocaña, donde la historia y la tradición son pilares de nuestra identidad, la danza debería ser un faro que ilumine nuestro camino hacia el reconocimiento cultural. Sin embargo, parece que aún falta mucho por hacer. Nosotros como directores y líderes del territorio debemos asumir un rol activo en la promoción y el fortalecimiento de esta disciplina. No basta con aplaudir en una celebración anual; debemos trabajar durante todo el año para que la danza ocupe el lugar que merece en nuestra sociedad.

Este Día Internacional de la Danza debe ser un llamado de atención: celebremos sí, pero con conciencia y compromiso. La danza no es un lujo, es una necesidad humana que nos conecta con lo más profundo profundo de nosotros mismos y de nuestras raíces. ¿Estamos listos para asumir ese reto?

COREOGRAFIAR CON CONCIENCIA: DEL IMPULSO CREATIVO A LA ESTRUCTURA ESCÉNICA

Por: Trinidad Pacheco Bayona. En muchos espacios de formación y creación dancística persiste una idea romántica y peligrosa: la coreografí...