miércoles, 10 de diciembre de 2025

Columna de Opinión.

LA DIGNIFICACIÓN DEL ARTISTA COMO DEUDA PENDIENTE

Por: Trinidad Pacheco Bayona. 

En Ocaña, la Escuela de Bellas Artes siempre ha sido un referente cultural, un espacio donde generaciones enteras han encontrado un lugar para crear, aprender y transformar su sensibilidad. Sin embargo, con el paso del tiempo, sigue siendo doloroso escuchar voces de auxilio provenientes de quienes hacen posible que las artes respiren en la región: sus artistas, docentes, estudiantes y trabajadores culturales. La reciente convocatoria para Matilda, el musical reaviva un debate que, lejos de agotarse, necesita ser abordado con seriedad y responsabilidad institucional.

Si bien el proyecto generó entusiasmo en algunos sectores, también dejó al descubierto tensiones internas que ponen en riesgo el bienestar de los participantes. Diversos artistas vinculados al proceso han expresado inconformidades relacionadas con el ambiente de los ensayos, señalando prácticas que consideran inadecuadas para un proceso formativo y creativo: gritos, trato impulsivo, expresiones que interpretan como descalificadoras y una metodología que no responde a los principios pedagógicos que un montaje de esta envergadura exige. Estas percepciones, más allá de nombres propios, merecen ser escuchadas por la Universidad Francisco de Paula Santander Ocaña, porque afectan la calidad del proceso y la dignidad de quienes ponen su talento al servicio de la escena.

La dirección artística de cualquier producción requiere, además de conocimientos técnicos, una sensibilidad humana capaz de acompañar, orientar y potenciar las capacidades del elenco. El arte no se construye desde la humillación ni desde la imposición temperamental, sino desde la paciencia, la escucha y la pedagogía. La región cuenta con artistas de trayectoria, dedicación y compromiso, es fundamental que los espacios institucionales que los convocan garanticen ambientes respetuosos, seguros y coherentes con los valores que desean representar ante el público.

Mi intención al escribir estas líneas no es señalar ni destruir, sino invitar a la reflexión: la dignificación del artista no es un lujo, es una necesidad ética. Ocaña tiene un potencial inmenso en sus creadores, pero ese potencial solo florece cuando los procesos están bien acompañados, cuando se reconoce el valor del trabajo artístico y cuando las metodologías aplicadas fortalecen, en lugar de quebrar la confianza del grupo.

Que esta situación sirva como una oportunidad de mejora. Que la institución revise, escuche, dialogue y ajuste. Que los responsables de dirigir proyectos artísticos comprendan la enorme responsabilidad que implica orientarlos. Y que los artistas, estudiantes y docentes encuentren escenarios donde el respeto, la formación y la inspiración sean la base del trabajo diario.

Porque el arte dignifica, pero también debe ser digno. Solo así podremos seguir avanzando, aprendiendo y construyendo una escena cultural que honre a quienes la sostienen con su esfuerzo silencioso y su talento inmenso

Columna de Opinión.

LA DIGNIFICACIÓN DEL ARTISTA COMO DEUDA PENDIENTE Por: Trinidad Pacheco Bayona.  En Ocaña, la Escuela de Bellas Artes siempre ha sido un ref...